
A veces me preguntan qué es el yuki. H. Noguchi (Zensei 8, p. 21)
A veces me preguntan qué es el yuki.
Suelo contestar que literalmente y como lo indica el ideograma que lo representa, es entregarse uno a lo que está haciendo, es decir, concentrar el ki en el actuar y sentir de cada momento.
Entonces me preguntan qué es el ki.
Para mi como para cualquiera, es muy árduo de explicar, pues es invisible e intangible; no importa mucho hablar de si existe realmente o no. Sin embargo, si uno tiene realmente deseo, intención de realizar algo (o sea, ki), lo consigue; pero si faltan ese impulso o deseo profundo, a pesar de intentarlo con todas sus fuerzas, no llegará a nada, se equivocará, tendrá algún accidente…
También el deseo profundo de entender a otro hace que se escuche como si de uno mismo se tratara, pero si falta ese interés o ki, uno quedará completamente impermeable a lo que pueda oír. Así el ki actúa como fuerza vital y es la fuente de la actividad humana.
No obstante, por más relación que tenga el ki con la psique o el cuerpo humanos, no se puede decir que pertenezca a uno u otro. Si se concentra el ki, la actividad del organismo aumenta y el cuerpo se llena de vigor; pero si se dispersa, uno se encontrará incapacitado para la acción, por mucha fuerza que posea. Este es el caso de los que, necesitando llevar algo a cabo, no lo consiguen por falta de ímpetu interior o ki, mientras que la realización sigue siempre al deseo profundo.
De esta forma, el ki impulsa y anima el cuerpo y a la vez la sociedad como fruto de la actividad humana colectiva.
El yuki . H. Noguchi (Zensei 3, p. 4-5)
El yuki se debe efectuar con el deseo de cuidar a los demás, pero lo más importante de todo es que sea adulta la persona que lo realiza. Quiero decir con esto que no bastan las buenas intenciones y que si al hacer yuki a otros, uno se encuentra con igual preocupación que quien lo recibe, todo lo que logrará será compartirla. Si, supongamos, se hiciera yuki con inquietud por la fiebre del enfermo, sólo se le llegaría a transmitir intranquilidad o miedo, lo cual no tiene sentido alguno…
El yuki resulta generalmente muy eficaz cuando lo realiza un niño, pues éste actúa de primera intención y con la mente bien limpia y honesta. Si el hombre es capaz de tener el tenshin de la infancia, es decir la mente despejada y clara, su yuki será efectivo; según mi observación, es un estado que el hombre alcanza con dificultad y que la mujer no abandona con facilidad, aunque todos, hombres, niños o mujeres, poseamos en nuestra naturaleza la capacidad de cuidar a otro mientras nos mantengamos en el tenshin, o mente vacía.
El yuki mutuo. K. Mamine (El cuerpo es…, p. 108)
Nos sentamos por parejas a la japonesa y frente a frente. Cada pareja se saluda, de modo impersonal y en señal de respeto hacia la vida. Seguidamente, uno de los dos participantes se tiende de boca abajo en el suelo. El otro se sienta a su izquierda y coloca las palmas de las manos encima de su espalda, juntando su acción con la expiración de la persona tumbada. Se conserva un espacio entre las palmas y la espalda, como si ésta estuviera recubierta por un papel de seda que no queremos arrugar. Fijar la atención en lo que se percibe a través de las manos, lo cual varía según la zona de la espalda. Esta sensación nos guiará sobre cómo actuar, pues se descubre espontáneamente a través de la práctica. La ausencia de intención y una actitud impersonal son la clave del yuki mutuo.
